domingo, 6 de febrero de 2011

La Vinotinto que todos quieren ver

El domingo 3 de febrero de 2008, César Farías se estrenó como seleccionador de Venezuela con un triunfo 1-0 sobre Haití en un amistoso en Maturín. Esa noche, la sonrisa de felicidad del técnico tenía que ver con un exitoso inicio de ciclo, algo siempre bienvenido, pero también se debía a la confianza y el optimismo en que sería apenas el comienzo de todos los sueños que quería cumplir con la Vinotinto.
Tres años después, Farías se encuentra ante otro momento importante. El amistoso del miércoles contra Costa Rica será el primer partido de 2011 para la selección de mayores y, de manera simbólica, debería ser el primer indicio de la Vinotinto que realmente quiere ver en su ciclo, esa con la que soñó en Maturín y seguramente mucho antes de aceptar el cargo.
Por supuesto que todo lo hecho antes por el técnico cuenta, en sus aspectos positivos y negativos, pero con tres años completos de trabajo, en los cuales el propio entrenador reiteró la necesidad de llevar a cabo un proceso de transición generacional y promoción de nuevos talentos, la hora de ofrecer su mejor puesta en escena ha llegado. Ya no hay vestigios de la era Páez en los conceptos tácticos, más allá de lo que cada jugador haya internalizado en su momento. Y hoy esos jugadores son una increíble minoría al lado del grupo que Farías promovió desde el comienzo de su etapa, más los que siguen llegando.
La Copa América Argentina 2011 y el comienzo de la eliminatoria para Brasil 2014 se producirán en el segundo semestre de este año, y Farías cree en el gran éxito en ambas competencias, especialmente la posibilidad de ir a un Mundial de mayores por primera vez.
Estos tres años han servido para cambiar la base de la Vinotinto e incorporar nuevos talentos, al mismo tiempo de competir, por lo que 2011 es el año que esperaba Farías. No quiere decir que tenga que maravillar a todos, pero el equipo sí debe ser el reflejo de lo que tanto ha trabajado el DT.
2010 sirvió como plataforma para intentar llegar a eso: permitió jugar numerosos partidos sin la presión de luchar por puntos y con la posibilidad de convocar y ver a cuántos jugadores requirió el entrenador.
Ayudó también a probar y corregir ideas. El esquema 4-3-3 no terminó de convencer, y el estratega debió cambiar a 4-3-1-2. No se trata de adoptar un dibujo táctico único (algo que no sería característico de Farías, porque no lo ha hecho nunca en su carrera), sino de encontrar otras vías para plasmar algunas ideas que no estaban funcionando en el 4-3-3.
Todo ese ensayo y error obliga a pensar que en 2011 se verá entonces a la Venezuela que Farías quiere, la que durante tres años ha llevado paso a paso hasta convertirla en su idea de selección.
Los jugadores a su disposición están preparados. Seijas, Vargas, Miku, Salomón, Maestrico, Rincón, Lucena y Rosales llegan en un momento óptimo de sus carreras. Arango, Maldonado, Moreno y Vega son las figuras de experiencia que siempre serán necesarias en un combinado nacional. Cómo usar al resto de los jugadores y amoldarlos a la idea del equipo que quiere exhibir, es algo que ya ha podido afinar en estos tres años, además de sumar a talentos emergentes a este molde.
El trabajo para el futuro, siempre prioridad en la labor de Farías, tiene fuertes bases. Ahora le toca al DT perfeccionar el presente, el que permitirá que Venezuela coseche los frutos de esa labor que, con éxitos, críticas y polémica, ha desarrollado el técnico en este tiempo. 2011 es el año para mostrar todas las cartas, más allá de los resultados que finalmente se obtengan.
(Columna escrita para la edición 6/2 de El Nacional)