lunes, 9 de diciembre de 2013

Tres maneras de impulsar a la Vinotinto

A pesar de las comparaciones, José Omar Pastoriza, Richard Páez y César Farías estarán unidos en la historia del fútbol venezolano por su aporte a la evolución de la Vinotinto.
De acuerdo con el rol que cumplieron en sus respectivas épocas, cada uno tuvo su mérito específico, pero también su método y carácter particular. Y al indagar en esa forma de ser, hay un personaje que puede identificar y contar con detalle los pormenores de las tres épocas, pues compartió el campo de batalla con el trío de directores técnicos.

Napoleón Centeno, ex coordinador de selecciones nacionales, ofrece así un perfil más cercano de Pastoriza, Páez y Farías, en siete aspectos sugeridos para esta nota para apreciar así las diferencias, los cambios, las curiosidades y las anécdotas de cada etapa.
Pronto, un nuevo seleccionador seguirá los pasos de este trío y sumará sus hábitos al manejo de la Vinotinto del presente y del futuro.



1 Charlas tácticas

Pastoriza
No era como ahora. Eran motivacionales y en la parte táctica era más hablar y explicar que mostrar, por ejemplo, al asignar las marcas. Siempre los arengaba y sabía que eventualmente llegarían los buenos momentos.

Páez
El cambio fue grande. Richard tenía un cuerpo técnico más grande, trabajaba con mayor planificación y por eso las charlas eran más específicas. Repasaban video en una sesión, en la que mostraba, detenía y comentaba; y en otra era la charla táctica, en la que hablaba mucho y explicaba bien a cada uno lo que debía hacer. No hablaba con los nombres de los rivales, para restarle importancia a las figuras del otro equipo, sino que los mencionaba por números. Al terminar, me ordenaba que destruyera las láminas de las charlas, ahí mismo en el hotel o ya en el estadio.

Farías
Fue más exigente aún, y el que usó más herramientas tecnológicas. En esta época era más fácil conseguir videos y tenía para eso a sus encargados, principalmente Alirio Granadillo. Hablaban él y Lino Alonso, pero mucho más él. Siempre era muy emotivo en esas charlas, daba fuerzas y ánimos. Después de eso, salías a joder a cualquiera.



2 Actividades recreativas para el grupo

Pastoriza
Nos íbamos a caminar por la mañana en la ciudad en la que estuviéramos. En Buenos Aires caminamos como 5 kilómetros. Y los asados (parrillas), típico de los argentinos, los hacía con el grupo. En una ocasión quiso incluir vino en la comida para los jugadores, pero ahí si le dije que no, que no estábamos preparados para eso (risas).

Páez
Era muy estricto, entonces procuraba que para distraerse tuvieran cosas en la sala de comer: cartas, dominó, pero no organizaba salidas o paseos. Lo que sí hacía era darles tiempo libre de vez en cuando, sobre todo si eran concentraciones largas, y entonces los llevábamos a algún centro comercial, les dábamos dos horas, y los traíamos de vuelta al hotel.

Farías
Organizó varios paseos al cine, teléferico. En Ecuador, antes del partido contra Bolivia en La Paz, hubo varias salidas por la duración tan larga de la concentración, entre ellas una visita a la Mitad del Mundo.


3 Trato con los jugadores

Pastoriza
Muy amistoso, muy de jugador a jugador, así se sentía Pastoriza. Contaba las historias de su carrera en la mesa. Era muy humano, pero si alguien se equivocaba en la disciplina, era muy severo.

Páez
Serio, muy sincero. Se reunía aparte con algunos jugadores si necesitaba conversar algo específico sobre la táctica o sobre la persona. Cuando tenía que ser duro, lo era. Peleaba junto con los jugadores por sus condiciones y premios.

Farías
Como es él, podía ser excelente con el jugador o mandarlo al carajo. Dependía de lo que hiciera el jugador, con las demoras era implacable, a veces yo intercedía. Pero siempre iba de frente, con su personalidad fuerte, que es algo necesario también.


domingo, 8 de diciembre de 2013

Escoja una identidad


La escogencia del nuevo seleccionador de Venezuela se verá influenciada por muchos factores. Pero si algo marcó la elección anterior fue la ruptura de la continuidad en el estilo e identidad futbolística.Nada tuvo que ver, tácticamente, lo que hizo César Farías con lo que propuso Richard Páez en los añosanteriores.

Ahora, la situación es similar, debido al perfil de los candidatos. Ni Noel Sanvicente, ni Eduardo Saragó y obviamente tampoco Páez, manejan propuestas cercanas a Farías. Sin embargo, esta vez convendría mantener los puntos positivos que dejó el sucrense y mejorar sobre esa base, con una clara idea propia de cómo debería jugar la Vinotinto.

En cuanto a planificación, exigencias, método de trabajo, Farías resultaba prácticamente incuestionable, y los tres candidatos también son reconocidos por ser metódicos; Sanvicente y Saragó por ser parte de una generación reciente que lo ha entendido como una necesidad para triunfar, y Páez, aunque perteneciente a una generación anterior, como un estratega siempre interesado en actualizarse y con la experiencia de haber dirigido en Perú y Colombia.
Es claro: la Vinotinto contará con un entrenador obsesivo, organizado y exigente.A estas alturas, y después del progreso logrado con el propio Páez y Farías, la selección no demandará menos de quien la conduzca.

El momento parece pedir que la Vinotinto, después de un cambio brusco de estilo entre los dos últimos procesos y varias modificaciones más durante la era Farías, asuma otra vez una identidad futbolística más allá de la entrega y el esfuerzo constante. Y eso no tiene por qué convertirse en una negación de lo hecho en los últimos seis años.

La intensidad defensiva, el orden y la agresividad que Venezuela demostró durante la Copa América Argentina 2011 y parte de la eliminatoria pasada no deberían desaparecer.

Al contrario, deberían tomarse estos y otros puntos altos del rendimiento con Farías e integrarlos a un modelo e identidad que le den un mejor funcionamiento a la futura Vinotinto.

Páez, Saragó y Sanvicente pueden aportar eso desde diferentes perspectivas. El estilo e identidad que Páez forjó en la Vinotinto es algo que todavía perdura en la mente de la afición. Con nuevos jugadores, mayor juventud, feroz competencia interna y mejor forma física individual de piezas claveen el equipo, el experimentado estratega podría darle un giro más a su conocida propuesta.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Origen y explosión de una rivalidad



Todas las grandes rivalidades tienen fechas clave. En la enemistad entre Caracas y Deportivo Táchira, la más grande del fútbol venezolano, ese día es el 17 de diciembre de 2000.

"La quema del autobús", como es recordado el episodio, no es el origen de esta relación antagónica, pero sí el incidente que pasó a definirla luego.

"Cuando se juega esa final ya la rivalidad existía, los jugadores la sentían en el campo, pero ese hecho fue la explosión. Creo que desde entonces la rivalidad pasó del campo a las tribunas", explica Carlos Horacio Moreno, un entrenador que celebró títulos con ambos conjuntos y que dirigía al Caracas en esa particular fecha.

El incidente se produjo al terminar el partido de vuelta de la final de la Copa República Bolivariana de Venezuela, un torneo que sirvió para reorganizar el campeonato venezolano de primera división y que fue el único que se jugó ese semestre.

La rivalidad entre rojos y aurinegros ya existía por tres motivos, cada uno muy vinculado al otro: Caracas llenó el vacío que dejó Marítimo, se convirtió en un equipo tan poderoso o más que el Táchira en medio de ese auge y además llenaba todos los requisitos para representar a la capital en su antagonismo con la provincia.

Sin embargo, después de ese capítulo, la animosidad creció en cada choque posterior. 

Y Moreno, uno de sus protagonistas principales, además de testigo y partícipe de la historia ilustre de ambos conjuntos, lo describe ahora en detalle. 

Un día de furia. La final de 2000 tuvo dos caras, una en la ida en el estadio Giuseppe Antonelli de Maracay, y otra en la vuelta, en el Pueblo Nuevo de San Cristóbal.

"En Maracay no hubo ningún problema, porque los tachirenses no iban a ir en gran número hasta allá y Caracas tampoco es que tenía tanta gente, no había tantas barras como hoy", recordó Moreno sobre ese pacífico triunfo 2-1 como local, aunque lo disputaran fuera de casa, por no tener estadios aptos en la capital desde mediados de ese año.

No obstante, en Pueblo Nuevo todo cambió en el minuto final. Caracas perdía 2-1, pero una gran jugada hilvanada por Alexander Rondón y Stalin Rivas terminó en un gol del zurdo que le dio a los rojos el empate 2-2 y el título en el minuto 90, lo que provocó luego una reacción en cadena que nadie previó.

"Ya había terminado el partido. Juan García se arrodilló para dar gracias, que era su costumbre, pero al pasar por la grada central se lanzaron los fanáticos y uno fue a buscarlo. Ahí fue cuando se metió Rondón y todo se complicó, pero la cosa se vio peor de lo que fue, no creo que `Pequeño’ realmente lo agrediera. Y entonces tumbaron el alambrado y corrimos todos al vestuario", recordó el DT.

La sorpresa atrapó a varios en el conflicto. "Ceferino (Bencomo) se quedó en medio de la pista atlética y lo ayudó un policía hasta poder llegar al vestuario donde estábamos los demás. Le estaban lanzando latas de cerveza llenas. Y fue desde el camerino, ahí escondidos y encerrados, donde vimos por televisión todo lo que pasó luego".

El autobús del Caracas pagó los platos rotos. "Lo habían estacionado cerca del portón y la multitud se metió allí y lo saqueó. La ropa la habíamos dejado en el hotel, pero Juan García y Pájaro Vera sí tenían sus maletas porque ellos iban a viajar directo a Puerto Ordaz a ver a sus familias después del partido. Tenían regalos de Navidad y todo ahí". 


Agregó Moreno: "En mi caso fue algo más anecdótico. Uno de los recuerdos que yo tenía de la Copa América que dirigí en Brasil era una pizarra técnica que usaba, era como una lámina que se podía enrollar. Y de pronto vi en televisión a un fanático correr con mi pizarra, como si fuese un trofeo. Ahí dije: `me jodí’. Vimos cómo soltaron el freno y el autobús rodó hasta detenerse casi en el córner. Y entonces, no sé cómo, lo incendiaron. Recuerdo que después de eso el doctor Valentiner dijo que más nunca compraría otro autobús. Además, pasaron los años y Táchira nunca se lo pagó. Y ciertamente Valentiner cumplió lo que dijo, nunca compró otro".

Escape de Pueblo Nuevo. "Cuando incendiaron el autobús sí salimos por un momento del vestuario para poder ver lo que pasaba, con la policía ahí para custodiarnos. Fue terrible. Luego estuvimos más de 2 horas encerrados hasta poder salir gracias a los técnicos de sonido que trabajaban en el estadio, que nos montaron en la cava del camión donde llevaban los equipos. Nos metimos ahí y dejamos un poquito abierta la puerta nada más para poder respirar", prosiguió Moreno.

domingo, 27 de octubre de 2013

Condiciones y expectativas



¿Se imagina que Venezuela tenga que luchar por un cupo al Mundial contra Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Uruguay y Ecuador y solo haya cuatro cupos disponibles? Más que un ejercicio de imaginación parece una pesadilla, pero una muy real que podría vivirse pronto.

La discusión sobre la posible modificación de los cupos por confederaciones para el Mundial Rusia 2018 ha comenzado. Joseph Blatter ha reiterado su intención de dar más cupos a África y Asia, y más allá de ser otro movimiento político por la importancia que siempre le ha dado el presidente de la FIFA a los votos de esos continentes, es también una amenaza directa a UEFA y Conmebol.

En este cambio es claro que la principal perjudicada sería la región suramericana, que estuvo cerca de perder un cupo para el Mundial Brasil 2014, por tener al anfitrión clasificado de manera automática, pero que sin embargo pudo sostenerlo con esfuerzo para tener el año que viene una verdadera fiesta continental.
La posibilidad temida por otros y anhelada por la Conmebol era que el cupo automático y el repechaje se unieran a los cuatro boletos directos para tener en Brasil a un total de seis selecciones. En las manos de Uruguay está la posibilidad de que seis de las diez representaciones de esta zona participen en la cita, un porcentaje inusitado y, lamentablemente, imposible de sostener.

Lo peor es que Rusia 2018 podría ser el pase de factura por dejar que Conmebol tuviera una fiesta suramericana en Brasil. Es por eso que Venezuela entera lamentó con gran dolor que se dejara escapar esta gran oportunidad de ser uno de los cinco mejores de la tabla cuando apenas había nueve países en disputa.

El seleccionador César Farías restó importancia a la ausencia de Brasil en la eliminatoria como posible beneficio para Venezuela. Lo era. En realidad, era un beneficio para todos los participantes, obviamente. No es igual que haya cinco puestos para diez selecciones que cinco puestos para nueve; las probabilidades de éxito (de todos) aumentan.

Incluso se podría argumentar que Brasil era un obstáculo mayor para la clasificación porque el resto de los combinados suma más puntos contra ellos que la Vinotinto, que apenas ha podido obtener un empate ante esta selección en eliminatorias; por tanto, tenerlos en la pelea era también una desventaja competitiva.

Pero la clave es el número de cupos. El camino a Rusia 2018 será complicado con el retorno del scratch, pero aún más si la FIFA le quita el repechaje a la Conmebol. Cuatro cupos para repartir entre diez selecciones sería en verdad una pesadilla y la Vinotinto se vería obligada a dar un salto cualitativo notable en menos de cuatro años para cerrar rápido la brecha actual.

domingo, 6 de octubre de 2013

Entre el autoritarismo y la indisciplina

La exclusión de Ronaldo Peña de la Vinotinto Sub 17 por indisciplina sirve para reflexionar sobre el manejo de las relaciones que hay en un equipo de fútbol. Más que darle la razón a Peña o al seleccionador Rafael Dudamel, algo imposible de hacer hasta no conocer los detalles del conflicto - que tanto el técnico como el jugador se han reservado por el momento-, la intención de esta columna es reflejar lo compleja que puede ser esa relación entre entrenador y dirigidos.
Hay casos en los que resulta sencillo emitir un juicio. En 2002, en la etapa de preparación de Irlanda para la Copa del Mundo, el técnico Mick McCarthy expulsó del equipo a la estrella Roy Keane, que hizo todo lo posible para que lo sacaran.

El mediocampista se quejó en la prensa de la preparación y de las instalaciones, al punto de decir que iba a abandonar a la selección. Luego cambió de idea, pero cuando McCarthy llamó a una reunión de grupo y le reclamó su actitud, Keane respondió con un discurso agresivo y lleno de insultos al entrenador que duró 10 minutos, de acuerdo con varios de sus compañeros.
Ante esta reacción, McCarthy no esperó a que el capitán amenazara de nuevo con abandonarlos y lo echó. En Irlanda, esto causó debate por mucho tiempo, debido a la importancia de Keane, pero luego de estos hechos era imposible pensar que McCarthy podría haber mantenido a Keane y conservar el respeto de los demás. Su única salida era esa.

Imagine que se hubiese tratado de Juan Arango y la Vinotinto, por ejemplo. ¿Jugar un torneo sin su máxima figura? El deseo de cualquier aficionado es encontrar cualquier otra solución menos esa. Aunque Peña no sea Arango, para la Sub 17, especialmente después de la confirmada ausencia del goleador Andrés Ponce, esta baja también es muy dolorosa. Pero hay casos que no son tan claros como el de Keane.
Raymond Domenech, seleccionador de Francia desde 2004 hasta 2010, es un gran ejemplo de cómo no se deben manejar los conflictos. Incluso en su libro Tout Seul (Solo), Domenech cuenta episodios en los que su verbo o actitud caprichosa dejaron mucho que desear, como cuando le explicó a Grégory Coupet la elección de Fabien Barthez como portero titular. "Sé que durante la temporada, tú has sido el mejor portero, pero yo he escogido a Fabien. No te voy a dar una u otra razón, es simplemente así", le dijo a Coupet.

domingo, 15 de septiembre de 2013

El próximo paso de la Vinotinto


Para empezar a analizar qué puede ocurrir con la Vinotinto hay que pedir permiso al lector para suponer algo que aún no ha ocurrido de forma matemática y definitiva, pero que parece inevitable: que Venezuela no iría al Mundial Brasil 2014. La combinación de tres resultados que hace improbable ese sueño llevaría a la selección nacional a dirigir de inmediato su atención a un nuevo ciclo de cuatro años.
Como esta eliminatoria mostró, hay talento joven para dar alas a esa ilusión en 2018. Que Alexander González, Josef Martínez y por último Yohandry Orozco se sumaran con pasos firmes a la paulatina renovación de la Vinotinto solo puede ser una gran noticia. Pero cuando se piensa en lo que puede pesar el hecho de haber perdido la mejor oportunidad de clasificar a un Mundial, al no estar presente Brasil en esta eliminatoria, es lógico que la gente olvide los puntos positivos y se enfoque en el dolor inmediato.

El próximo paso a dar tiene que ver con lo que hizo César Farías en esta eliminatoria. Tanto en sus aciertos como en sus errores. Desde que José Omar Pastoriza inició el camino ascendente de la selección, cada etapa ha superado la anterior. Venezuela pasó de ser la eterna sotanera a ocupar el noveno puesto en 2002, el octavo en 2006, el octavo en 2010 y ahora el sexto. Pero más allá de ese progreso por escalones, cada técnico puso su huella y forzó cambios para mejorar.
Pastoriza, Richard Páez y Farías dejaron, en distintos aspectos, una base para el sucesor, aunque tardara en darse ese reconocimiento. Hoy nadie niega lo que dejaron Pastoriza y Páez e igual sucederá con Farías. Pero así como se ha repetido la tendencia de no poder ganar los partidos clave en casa en la segunda vuelta, también se ha repetido la insatisfacción por no llegar a la meta esperada.

Si hay un nuevo técnico, éste deberá tomar todo lo bueno que dejaron sus antecesores y progresar. La pregunta es entonces si Farías querrá continuar o no. Sus palabras habían apuntado claramente a finalizar en esta eliminatoria su etapa en el cargo, y después de casi seis años completos, parece lógico. Probablemente Farías lo dijo con la plena convicción de que se iría tras el Mundial luego de lograr esa anhelada clasificación. Pensar que eso sucederá solo porque lo anticipó es otra cosa. Quizás el resultado final lo haga cambiar de opinión. Páez también anunció su adiós de forma anticipada y luego la FVF le ofreció renovar y continuó cuando ya se barajaban nombres de candidatos.

Lo importante no es eso. La clave es pensar si es conveniente para la Vinotinto. Hay otro punto en común: Páez y Farías asumieron el cargo en situación de emergencia, en mitad de la disputa del Premundial. Sería ideal cambiar eso y garantizar que el nuevo técnico, cuando llegue, tenga el tiempo para planificar y alistar al grupo para la nueva eliminatoria. Si Farías renueva, corre el riesgo de acelerar el natural desgaste de la relación con un grupo de jugadores. Siempre sucede luego de un tiempo, y a juzgar por el último año, con algunos ya ha comenzado.

domingo, 1 de septiembre de 2013

El aficionado también lucha por ir a Brasil

Poder ir a un Mundial de fútbol es un sueño hecho realidad, no sólo para los jugadores que participan sino para prácticamente todos los que los rodean, en especial cada aficionado en las tribunas que, antes de poder sentarse allí, también debió competir y ganarse un puesto.
Así lo requiere la forma en la que FIFA dispone de las entradas y la excesiva demanda global de tickets, lo que confirma a este torneo como el evento deportivo más importante del mundo.

El 20 de agosto comenzó el proceso de venta de entradas para Brasil 2014, y en Venezuela muchos aficionados esperan poder cumplir con dos sueños a la ver: estar en un Mundial y poder ver a la Vinotinto en esta edición.
Si asistir a un Mundial suele resultar complicado y costoso, para el venezolano común es muchísimo más difícil. FIFA establece que la compra se realice a través de su portal web y estas transacciones son reguladas en Venezuela por el sistema de control cambiario.

Para tener en cuenta la dificultad de comprar entradas, debe saber que el ticket más barato para un cliente internacional cuesta 90 dólares. Los boletos con descuento sólo aplican para los residentes en Brasil.
Con 400 dólares como límite en el cupo electrónico de Cadivi, las posibilidades para el consumidor se reducen notablemente. Además, las condiciones de venta establecen que el portador de la tarjeta de crédito es quien debe realizar la compra y el retiro de las entradas en el país sede. Aunque la compra por transferencia bancaria es una alternativa ofrecida, la oferta en puntos de venta es reducida y sólo se puede hacer en la parte final del proceso y en el país anfitrión.

Etapas para la venta. En el que comenzó el 20 de agosto, FIFA recibe todas las solicitudes para cada partido sin privilegiar el orden en el que sean pedidas y luego efectúa un sorteo para determinar quiénes obtendrán los boletos. La desventaja de elegir en este momento es no saber cuáles equipos jugarán en cada partido; es una apuestas a ciegas.

A partir del 5 de noviembre, se efectúa la primera fase de compra por orden de solicitudes: se favorece a quien llega primero y la compra se hace efectiva de manera inmediata. En diciembre se realizará el sorteo del Mundial y entonces cambiará el panorama para los consumidores: cada partido de la fase de grupos tendrá a los protagonistas asignados.

El proceso repite sus dos primeras fases y luego hay un período de venta de última hora en el que una parte de los boletos se podrá comprar en puntos de venta en Brasil. Independientemente del momento en el que se intente comprar los boletos, existen tres tipos de entradas: por partido específico, por sede y por selección. Esta última es la mejor opción para aquellos venezolanos que deseen ver a la Vinotinto si el equipo finalmente consigue su anhelado cupo en la máxima cita.

El testimonio de la experiencia. Enrique Alvarado es uno de los venezolanos que ya tiene planes para ir a Brasil el próximo año. Esta ha sido su rutina en los últimos años y puede aportar consejos a quienes deseen aventurarse por primera vez en 2014. "Este será mi sexto Mundial", afirma con orgullo. "Y para poder hacerlo tengo mi propia estrategia logística, porque si no lo hago así, no hay forma ni dinero que valga para poder asistir".
Alvarado admite que no es tarea fácil ni económica. "Es complicado. Nosotros somos un grupo de amigos que nos ponemos de acuerdo siempre para hacer el viaje y lo primero que hacemos es comprar los pasajes. Esa es la primera recomendación que les hago a quienes quieran ir a estos eventos y más todavía si se trata de Brasil. Y deben hacerlo porque si esperan, luego podrían tener las entradas pero no van a tener como llegar a la sede del partido a tiempo", explica.

Alvarado elimina varios obstáculos en su rutina de cada cuatro años: no escoge ni semifinales ni final ("son complicados, económicamente prohibitivos y luego de ir a la final de Estados Unidos 1994, decidí olvidarme de esos juegos y verlos tranquilo en casa") y compra en la primera etapa a ciegas.
"Disfruto la turbulencia que genera un Mundial. Así que no es tan importante quién juega. Basta ver el ambiente que crean las barras de fanáticos de los holandeses, los argentinos, los brasileños, los mexicanos, los ingleses. Lo importante es poder asistir a los partidos, así que establezco mi itinerario de una sede a otra y lo cumplo, así me asignen el boleto o no. Pero casi siempre lo aprueban", comenta.

lunes, 19 de agosto de 2013

El esquema como punto de partida

Para el aficionado y los medios de comunicación, una de las primeras referencias para saber qué desea hacer un equipo antes de un partido es el esquema. A la pregunta "¿cómo va a jugar tal conjunto?", la respuesta obligatoria suele involucrar la conocida fórmula que a pesar de las variaciones suma siempre 10 en total (porque el portero siempre es uno).
No obstante, este número es siempre un punto de partida, nunca una solución. "El fútbol es ocupar zonas. Más que los números, lo que vale son los movimientos. Porque los esquemas no son estáticos. Es principalmente una referencia para los técnicos, para los jugadores, y también para la prensa y los aficionados", explicó el estratega Carlos Horacio Moreno.

Luego de su estreno con el Caracas, el técnico Eduardo Saragó comentó que su dibujo táctico admitía muchas variaciones: "Contra Trujillanos cambiamos de esquema 3 o 4 veces durante el partido. Y eso puede pasar por el planteamiento del rival también. Si Trujillanos mete 8-9 jugadores cerca del área, eso cambia el plan y tengo que usar los laterales, mover jugadores, buscar la manera de romper eso".

Esto no significa, sin embargo, que no haya orden en el método. Por eso acotó Saragó: "Sí tenemos una formación base para el Caracas, pero cambia". En su filosofía de juego hay una idea fija, pero diferentes formas de aplicarla.

Moreno simplifica el asunto para quién crea que hay grandes misterios: "El fútbol es y será siempre el mismo en su esencia: cómo atacar, cómo defender, cómo pasar de la defensa al ataque y cómo pasar del ataque a la defensa".
En esas cuatro fases, el dibujo táctico puede tener una mayor importancia en algunos aspectos más que en otros como principio del orden necesario de un equipo. "Estoy de acuerdo que para defender y recuperar sí te centras más en los números, en el esquema, que para atacar. Es por esa razón de ocupar zonas, pero igual es flexible y cambiante. Al atacar pasa que si ves que te bloquean más al lateral izquierdo, sacas al derecho entonces, y así con otros jugadores también. Pero si tienes cuatro defensas, tienes cuatro defensas, eso es así", argumentó Moreno.

De la pizarra al campo. Para un equipo, el inicio de la aplicación de una idea puede ser el esquema. Pero cada situación del partido demandará un movimiento y una solución que a los ojos de quienes observan el choque "desordena" ese dibujo.
Muchas de las situaciones son previstas por el entrenador, coordinadas con sus pupilos y guardan relación con el movimiento de otros compañeros. Pero también hay otras circunstancias que requieren que sea el jugador el que encuentre soluciones.

El Barcelona es un equipo que a Moreno le parece útil para analizar como ejemplo, por sus variaciones. "Barcelona juega con un 4-3-3 como esquema base, pero Lionel Messi, por ejemplo, muchas veces baja al medio y se convierte en un enganche o un organizador de juego cuando se necesita. Pero al defender y ejercer presión arriba, Messi es el primero que presiona a los defensas y ahí entonces sí ocupa la posición del 9, del centro delantero".

domingo, 18 de agosto de 2013

Entre el riesgo y la efectividad

Esta semana la Vinotinto tuvo la oportunidad de preparar el plan para la recta final de la eliminatoria, tres choques que definirán finalmente si Venezuela podrá llegar al primer Mundial de su historia como todos en el país esperan.
Más allá de la declaración de intenciones del seleccionador César Farías sobre el ritmo veloz de juego que pide o la intensidad para presionar, todas herramientas válidas para conseguir los resultados que se anhelan, la importancia de las maneras que escoja el técnico para jugar estos últimos tres choques tendrán que ver con la efectividad con la que se ejecuten esas tareas. Y a estas alturas el más indicado para saber qué tareas pueden desempeñar sus pupilos en esta coyuntura debe ser el propio Farías.

Chile, Perú y Paraguay serán tres rivales distintos en tres momentos ligeramente diferentes. Las necesidades de juego de Venezuela variarán en cada partido con cada resultado anterior y las combinaciones de marcadores de sus rivales por los cupos. Pero lo que será igual para cada encuentro será la urgencia de sumar puntos (al menos dos victorias y un empate), y los riesgos que esta exigencia obligará a tomar.
Si los riesgos a tomar requieren adelantar las líneas, presionar arriba y en consecuencia dejar más espacios en el bloque defensivo, entonces el equipo necesitará saber defender en estas circunstancias para evitar encajar goles que tornarán inútil cualquier esfuerzo ofensivo. Los defensas y volantes de primera línea deberán ganar los duelos individuales, y avanzar y retornar con sapiencia para impedir que el equipo se quiebre.

En muchos encuentros de la era Farías, cuando la necesidad ha empujado al equipo a arriesgar mucho más a la ofensiva, los partidos se han convertido en asuntos de ida y vuelta. Y en estos casos, gana el equipo más efectivo en las dos áreas: el que sepa anotar cuando logra llegar con claridad y el que sepa evitar el tanto cuando el contrincante alcanza el arco.
En este punto específico la prueba contra Bolivia falló. En pocas llegadas los bolivianos anotaron y en muchas llegadas Venezuela desperdició sus remates. Además, el reto en el segundo tiempo fue precisamente cómo no se desea que se juegue en la recta final: corriendo contra el tiempo y la desventaja en el marcador. Pero este fue un asunto de efectividad no de riesgos.

Esta prueba no quiere decir que la Vinotinto no pueda ejecutar bien en los partidos que valen de verdad. El momento llama a asumir estos riesgos porque el boleto al Mundial no llegará a las manos por errores del contrario.
La clave para la Vinotinto, entonces, estará en cómo seguir haciendo bien lo que ha hecho, a pesar de tomar estos riesgos (buena defensa, orden para desanimar al contrario, esfuerzo para superar los malos momentos y mucha intensidad), y cómo mejorar lo que ha fallado hasta ahora sin provocar nuevos y distintos errores (generar llegadas con pelota en juego, abrir la cancha por las bandas, ser contundente y defenderse con la pelota).

Lo que Venezuela hizo o dejó de hacer en los anteriores choques quedará para el análisis final. Hasta ahora, fue lo que trajo al equipo hasta aquí. Hubo partidos clave que impulsaron la ilusión (basta recordar el triunfo ante Argentina) y hubo otros que lo alejaron del objetivo (el doloroso revés contra Uruguay), pero en este momento no hay tres partidos más importantes que los que se van a jugar. Los que sí decidirán si el sueño es posible.
(Columna escrita para la edición 18/08 de El Nacional)
 

domingo, 4 de agosto de 2013

Ilusión y desesperanza

La Copa Libertadores siempre ha tenido un lugar especial en el corazón de los venezolanos. Fue el ámbito en el que el fútbol de este país dio algunas señales de vida, de rebeldía, cuando la Vinotinto ni era un nombre propio ni tenía resultados para generar estos sentimientos.

Luego del trauma que significó la liguilla PreLibertadores con los equipos mexicanos y ya con la selección nacional ofreciendo motivos a granel para sentirse orgullosos, la exigencia comenzó a crecer en esta competencia. Que Minerven y Estudiantes primero, y más tarde Táchira y Caracas hayan alcanzado los cuartos de final de la Libertadores era una muestra de que se podía llegar lejos. En medio de la euforia vinotinto, ¿por qué no se podía soñar con un título o una final al menos en un torneo continental de clubes? Así funcionaba la lógica por estos lares. Y si en la Libertadores se negaba aún el sueño, parecía comprensible apuntar a otra competición, en teoría más asequible: la Copa Sudamericana.

Sin embargo, cada año la percepción cambia pronto con las tempranas eliminaciones. Pasa rápido de ser la copa de la ilusión a la copa de la desesperanza. Y en este problema, reflejado parcialmente esta semana con los resultados de los cuatro representantes nacionales, también hay algo de realidad desdibujada.
En principio la creencia de que se puede trascender con mayor facilidad en la Copa Sudamericana que en la Copa Libertadores no debería ser tan firme. Si bien en la Libertadores están los mejores clubes de los demás países, en especial los gigantes brasileños y argentinos, hay muchas muestras de grandes campañas de cuadros de otros vecinos en los últimos años que dejan ver claramente que un buen equipo, bien preparado y enfocado, puede llegar a las instancias que se le han negado a Venezuela, por mucho que el sorteo no ayude o el calendario se ajuste a veces para los rivales más fuertes.

Pero más dolorosa es la realidad de la Copa Sudamericana. Porque mientras los conjuntos de los demás países no son necesariamente los más fuertes, los venezolanos tampoco. En primer lugar porque por mucho tiempo también se le dio un trato de segunda desde este país. Competir con el cuarto o quinto de la liga venezolana no iba a ser nunca el mejor augurio de un batacazo continental. Pero debido a las medidas demagógicas de premiar a todos o casi todos los participantes de la liga, la serie Pre Sudamericana permite que un conjunto ubicado por debajo de la mitad de la tabla acumulada (es decir, entre los peores del campeonato) pueda representar al país.
Y así, las ya consabidas diferencias entre la liga venezolana y muchas de las suramericanas se amplía. Si, además, se suman motivos como los esgrimidos esta semana como la tardanza en el inicio de la temporada que obliga a conjuntos a jugar la primera ronda de la Sudamericana en plena pretemporada, las desventajas se acumulan. Pero la culpa no es solamente de la FVF y creer eso es un error común. Los mismos equipos se niegan a premiar a los mejores con estos cupos, porque no quieren arriesgarse a que una temporada mala les quite la posibilidad de clasificar y ganar esos dólares por participación. Tampoco votan por cambiar el formato del torneo o mover el calendario. Ni siquiera compensan esa falta de partidos oficiales con un gran número de amistosos y una pretemporada mucho más temprana, algo que les permitiría llegar con mejor ritmo de competencia. Y si contamos que de los cuatro representantes actuales, dos tuvieron recientemente serios problemas de pago y estabilidad económica, entonces hay que concluir que la desesperanza gana por goleada. 
(Columna escrita para la edición 4/8 de El Nacional)

domingo, 14 de julio de 2013

Las tareas de Brasil para el Mundial

Un día después de finalizar la Copa Confederaciones en Río de Janeiro, la directiva de FIFA y el comité organizador local cambiaron la dirección de los focos hacia el Mundial 2014. Sin embargo, pasar la página no sería tan sencillo esta vez.

Por muy incómodo que fuese, era imposible obviar al elefante en la sala: la preocupación que dejaron las manifestaciones contra el gobierno durante el torneo.

Joseph Blatter, presidente de la FIFA, afirmó: "Cuando comenzamos había incertidumbre porque vimos el malestar de la gente, pero estoy feliz por la conclusión del torneo, creo que esa rabia fue cediendo y terminamos con una celebración".
Los demás asumieron la posición más práctica que podían tomar. Jerome Valcke, secretario general de FIFA, dijo: "Durante la Copa Confederaciones fue incómodo pero no fue inseguro y nunca pensamos en cancelar o posponer. El gobierno nos apoyó. No vamos a cerrar los ojos y escuchamos, pero FIFA organiza torneos. Nos preocupa, pero es responsabilidad de Brasil lo que suceda en su país".

Aldo Rebelo, ministro de Deportes, zanjó la polémica así: "Somos un país democrático, se permitieron las protestas, pero los excesos y violencia se enfrentaron como debe ser. Nunca escondimos nuestros defectos, no somos perfectos, somos una nación en construcción".
Y aunque todos los responsables hablaron del tema, lo cierto es que ese malestar de la gente es apenas una de las muchas tareas que debe resolver el país anfitrión en menos de un año para poder tener éxito en su mayor reto organizativo: la Copa del Mundo 2014.

Aciertos y dudas. Las cuantiosas sumas invertidas en construcción y remodelación le permitieron a Brasil exhibir estadios de primer nivel, listos desde ya en su mayoría para las exigentes operaciones de un Mundial. Pero las obras alrededor de los escenarios no mostraron el mismo avance y en muchos casos son necesarias para facilitar el acceso y salida de los miles de aficionados.
El manejo de la gran cantidad de visitantes, la calidad de la atención que se les prestará y la labor que logren completar las autoridades en materia de transporte, incluyendo la ampliación y mejoría de sus terminales terrestres y aéreos, serán la clave para el triunfo brasileño fuera del terreno. En el campo, ya la Copa Confederaciones dio suficientes pistas de lo que Brasil puede lograr el próximo año.

10 aspectos a cuidar

1 Llevar todo a escala. Como expresó el secretario general de FIFA, Jerome Valcke, Brasil requerirá "más de todo", es decir, incrementar lo que hizo en la Copa Confederaciones para poder cumplir con las exigencias de un Mundial, y especialmente uno en un país tan atractivo para el turista. Más vuelos, más funcionarios, más hoteles, más voluntarios. Más de todo.

2 Traslados. Por su vasta extensión, Brasil presentará un reto mayúsculo para sus visitantes en el Mundial. Llegar a 12 sedes será complicado y muy costoso para periodistas y aficionados. Hay pocas aerolíneas, apenas suficientes vuelos para cubrir la demanda local en una época normal y viajar por tierra es difícil, inseguro y toma mucho tiempo.

3 Hotelería. En ciudades como Río de Janeiro o Sao Paulo la oferta es abundante. En sitios menos atractivos, resulta escaso el número de lugares de hospedaje. Este desbalance puede agravar la situación, pues la mayoría intentará ir a las dos principales ciudades, algo que complicará y encarecerá la reserva de hoteles y posadas si no surgen más y mejores alternativas.

4 Seguridad. La Copa Confederaciones puso a prueba a Brasil en este aspecto y el anfitrión cumplió. El cordón de seguridad en los estadios impidió que las manifestaciones afectaran el normal desarrollo de los partidos, y fueron pocas las incomodidades causadas a los aficionados. Pero es de suponer que las protestas serán mayores durante el Mundial.

5 Imagen. De paraíso turístico con una economía en ascenso a país en zozobra con un gobierno en entredicho. Así de brusco fue el cambio de imagen de Brasil durante las dos semanas que duró la Copa Confederaciones debido a las protestas masivas. Un Mundial es una vitrina aún mayor y para recuperar prestigio, el país organizador no puede fallar.

6 Servicios. En este aspecto, Brasil pareció subestimar la exigencia del evento. En la Copa Confederaciones fueron insuficientes los servicios de asistencia al aficionado; en el Mundial no pueden darse ese lujo. En cada aeropuerto, estación de trenes o buses, plaza importante y centro de entrenamiento, debe haber personal, al menos bilingüe, que asista al visitante.

7 Espacios públicos. La iniciativa de los Fan Fest, que tanto éxito tuvo en Alemania y luego en Suráfrica, se repetirá en Brasil. Sin embargo, con la esperada asistencia masiva de turistas y aficionados al fútbol que no tendrán entradas, pero disfrutarán en estos lugares con pantallas gigantes, los esfuerzos deberán multiplicarse para satisfacer las necesidades y garantizar la seguridad.

8 Especulación. Brasil no es un destino económico, en especial Río de Janeiro, y la experiencia en la Copa Confederaciones confirmó que los costos aumentarán aún más en un año. "Probablemente se duplicarán", afirmó un empleado de hotel en Río sobre los costos de hospedaje para el Mundial. En Suráfrica esto ocasionó problemas al no ser controlado; Brasil puede tomar consejos.

9 Entrega de entradas. Durante la Copa Confederaciones, el comité organizador local asumió que cada aficionado estaría mucho tiempo en cada ciudad: advertía que las entradas debían recogerse días antes y no el día del partido. En un Mundial, con la gran cantidad de visitantes y su movilidad entre sedes, la solución es otra: un procedimiento a gran escala, rápido y eficaz.

10 Logística en los estadios. Hasta la FIFA admitió inconvenientes en la salida de los aficionados de los estadios al concluir algunos partidos. Con mayoría de público brasileño, en la Copa Confederaciones esto no fue un problema. Pero imaginen en un año un Inglaterra-Argentina, con miles de aficionados apretujados en una pasarela tratando de llegar a la estación de metro.


lunes, 1 de julio de 2013

O Rei Neymar

Que Neymar se consagrara y Brasil regresara a la élite mundial era el sueño del país anfitrión. Uno muy ambicioso al tener como rival al reciente dominador del fútbol universal. Anoche, sin embargo, el sueño se cumplió y se vio superado con creces en Río de Janeiro ante una España que claudicó temprano debido a la avasallante demostración del rival en una goleada 3-0 para la historia.
Hace dos semanas había dudas. Debía ser el torneo de Brasil, el momento de Neymar, pero no había confianza y en cambio sí un gran obstáculo: España, la gran favorita, campeona de Europa y el planeta. El camino a la final mostró el auge brasileño pero ayer, con una velocidad desconcertante como la que abrumó a la Roja, los anfitriones apartaron las sombras y se llenaron de certezas en el mejor momento para así poder revivir viejas glorias en el Maracaná y devolver al estadio y a esta selección al sitio que siempre sintió suyo: la cima del fútbol.

Fue la noche de Neymar, que ahora llegará a la liga española con unas credenciales para respetar todavía más. También de Fred, que a fuerza de goles convierte a críticos en creyentes. Y fue la noche del orgullo para el resto de los brasileños que ven en este deporte su razón de ser.
Con protestas en las calles y problemas logísticos que ponen en alerta a los organizadores para el próximo año, parecía que la Copa Confederaciones podía ser una pesadilla para Brasil. Pero el fútbol genera emociones tan grandes, que un país molesto por muchas razones encontró un solo motivo para unirlos en una gran fiesta.

Así fue la noche en Río de Janeiro y en todo Brasil: una gran celebración desde que comenzó el encuentro. No había terminado de cantar el Maracaná el himno a todo pulmón con más de 73.000 intérpretes, cuando la misma energía que parecía emanar de las gradas empujó a España contra su arco en el campo.
Fue la electricidad que convirtió la pierna de Fred en un resorte que se disparó apenas tocar el suelo y sorprendió a Iker Casillas en un balón aparentemente perdido. Y de pronto Fred se la devolvió al público con un abrazo estremecedor en la parte baja de la tribuna principal, junto con sus compañeros, todos mezclados entre los afortunados fanáticos. Pareció una escena de otros tiempos. Había una conexión con el público y Fred la materializó, la hizo física.

domingo, 30 de junio de 2013

Por el orgullo

De peinado rebelde y cambiante, Neymar prefiere salir a la zona mixta o a la rueda de prensa con una gorra volteada. De cabello escaso ahora, a Andrés Iniesta no le importa mostrar su calvicie.
Imagen de cuanto producto usted pueda imaginar aquí en Brasil, la estrella de los anfitriones protagoniza anuncios vibrantes de automóviles, calzados y colonias. Recatado y con voz baja, casi imperceptible, el mediocampista español recomienda bancos y seguros. Uno regatea desde la cuna, el otro ha sumado trucos a su repertorio con el tiempo.

Neymar e Iniesta podrán parecer extremos, pero ambos serán hoy la fantasía que necesitan sus selecciones para romper la tensión y los planes detallados que caracterizan a una final. No tendrán muchas similitudes en sus actitudes o en su carrera, pero en pocos días se unirán en el campo como compañeros de equipo en Barcelona.
Esta tarde, en el mítico césped del Maracaná, serán más rivales que nunca en un choque de poderes futbolísticos, del tradicional dominador del deporte contra el moderno dictador. Del anterior equipo del “jogo bonito” contra el que en verdad lo practica en la actualidad.

Neymar, como Brasil, necesita títulos. Iniesta, como España, se niega a romper su racha. La Copa Confederaciones es el evento de prueba para el anfitrión del Mundial, pero esta edición ha cobrado mayor relevancia para sus participantes, con cuatro campeones mundiales presentes en las semifinales. Por eso la cita actual pasó a ser un asunto de orgullo, por encima de la tradición del torneo o su pragmática razón de existir.
Y eso será precisamente esta final de hoy: un partido por el orgullo. Brasil recuerda de dos formas al Maracaná: como la sede de su derrota contra Uruguay en 1950 y como el sitio donde levantaron la Copa América 1989, también contra los charrúas. Hoy querrán remozar también los recuerdos, como lo hicieron con el estadio. Querrán que Maracaná vuelva a ser rememorado como el templo del fútbol mundial con un triunfo sobre la aparentemente invencible España.

“La mejor selección del mundo siempre es la favorita, pero mi padre me dijo de pequeño que no hay nada imposible y Brasil tiene mucha fuerza para ganar”, dijo Neymar sobre España.
Pero los vigentes campeones europeos y mundiales no sienten que su ciclo ha terminado. No se trata de 15 minutos de fama. Y si un título hace falta para terminar de sacar pecho ante todos es la Copa Confederaciones, esa que le negó sorpresivamente Estados Unidos en la semifinal de 2009. “Es un momento para cerrar un círculo de torneos con esta selección”, dijo Iniesta.

Jugar en Maracaná, contra Brasil, los ilusiona como niños, como han reconocido. Iniesta acotó: “No hay reto más grande que ganar a Brasil en su estadio”.
El público en Río de Janeiro intentará inclinar la balanza a su favor. Brasil necesitará eso y mucho más para vencer hoy. Pero más allá de estilos y actitudes, de presente o pasado, Neymar resumió el partido así: “Es la final que todos queríamos, es un día histórico para el fútbol”.

Para adaptarse
España debe recuperar a los lesionados Cesc Fábregas y Roberto Soldado, y se espera que al menos el catalán retorne al once. La lección que dio Italia servirá a los brasileños para adaptarse y a los españoles para evitar caer de nuevo en la trampa. La guerra por la posesión probablemente la ganará la Roja, pero las rápidas transiciones y el juego aéreo de Brasil son armas válidas y peligrosas. También se dará hoy la lucha por el Balón de Oro del torneo. Los seis finalistas son Iniesta, Ramos, Neymar, Paulinho, Pirlo y Suárez.

sábado, 29 de junio de 2013

Dante: “Quiero que Juan Arango venga al Mundial”


Con su simpatía como principal carta de presentación, Dante se divierte cuando escucha la pregunta sobre su amigo Juan Arango. El defensa brasileño y el capitán de la Vinotinto compartieron hasta hace un año en el Borussia Mönchengladbach.
Y aunque Dante acababa de festejar el triunfo en la semifinal de la Copa Confederaciones y viene de completar una temporada de ensueño al ganar el triplete con el Bayern Múnich, al central no se le sube la fama a la cabeza ni se olvida de sus amistades.

“Claro que mantengo contacto con Juan. Él es una grandísima persona, me gusta mucho cómo es él, así que conversamos todavía cuando podemos”, afirmó Dante en la zona mixta del estadio Mineirao, en Belo Horizonte, tras vencer a Uruguay y confirmar su boleto a la final del torneo, que se jugará mañana en el Maracaná, en Río de Janeiro.
Al ex compañero de Arango le encantaría poder recibirlo dentro de un año, cuando se juegue el Mundial acá, y con el zurdo también como participante. “Sí hablamos de eso, él siempre me comentaba cómo les iba y yo le deseaba suerte. Ahora creo que están en el quinto puesto. ¿O sexto? No, quinto, claro. Yo siempre le digo “vamos, vamos, que sí se puede”. Sería algo histórico ver a Venezuela en un Mundial y estaría muy contento de que él y su país puedan llegar, que conquisten algo tan importante. Él es el capitán, además, así que sé que es un gran sueño por cumplir”, comentó.

Al pedirle que hablara de Arango como amigo y como jugador, Dante de inmediato acotó con una gran sonrisa: “Es grande en los dos aspectos. Porque como persona es muy tranquilo, siempre está calmado, le gusta mucho estar con su familia. Y en el campo es un maestro, es increíble cómo le pega a la pelota. Para mí no hay alguien que le pegue así en la Bundesliga, eso es seguro”.

jueves, 27 de junio de 2013

Alivio y venganza para Brasil


Paulinho consiguió la revancha. La celebración de Luiz Felipe Scolari, de todos sus dirigidos y del público en Belo Horizonte fue un guiño a aquel Maracanazo, a la venganza lograda y a la alegría de poder evitar un capítulo similar, un posible “Mineirazo”. Parecía un festejo digno de la final del Mundial y, honestamente, para ellos lo fue.
Aquel marcador 2-1 se repitió, la sensación de temor que debió existir en el Maracaná también, pero esta vez fue Brasil el que terminó victorioso. El camino del scracht hacia su redención, hacia el retorno a la élite del fútbol, continúa en esta Copa Confederaciones.

“Soy brasilero, con mucho orgullo, con mucho amor”, cantó el público con fervor para festejar el triunfo y el boleto a la final de esta Copa Confederaciones que ha perjudicado su imagen como país por un sinfín de protestas pero en cambio ha mejorado mucho su reputación como selección.
Si Brasil da el último paso y se titula campeón, bien sea contra Italia o más significativo aún si es España el rival, entonces podrá volver a sentir que domina el deporte como hasta hace algunos años se daba por cierto, como hoy le ocurre a los españoles.

Toda esta alegría no llegó sin sufrimiento para el pueblo brasileño. Uruguay mantiene su identidad de peleador callejero e infunde el mismo temor, sobre todo ante un conjunto que está empezando a encontrarse y un público al que le da miedo creer todavía. Porque fueron muchos los pasajes en los que los aficionados se quedaron callados, al preguntarse si era posible ver otra vez una desgracia como la ocurrida en 1950 en Río de Janeiro.
El penal sentenciado contra Brasil al minuto 14 confirmó todos los miedos. Pero Julio César se encargó de empezar a cambiar la historia al taparle el tiro a su ex compañero del Inter de Milán, Diego Forlán. La gente en el Mineirao celebró con euforia ensordecedora, pero se calmó luego ante la inefectividad de su equipo, mientras Uruguay hacía de las suyas: defendía, contraatacaba, molestaba y buscaba el error. Bien conoce esa receta la Vinotinto, que la sufrió en Puerto Ordaz recientemente.

El público se desesperaba, no más que Scolari claro, y desde las tribunas llegó el cántico: “Neymaaaar, Neymar”. Y justo en ese instante el nuevo genio brasileño recibió un gran pase largo de Paulinho, controló la pelota con el pecho y sacó un remate que forzó a Fernando Muslera a desviar para que entonces apareciera el más oportuno de los brasileños, Fred, que marcó el 1-0 que parecía encaminar el partido para los locales.
Sin embargo, el error que esperaba Uruguay llegó. El anfitrión se enredó la vida en el área al no saber despejar un balón y un pésimo pase de Thiago Silva a Marcelo le abrió la puerta a Edinson Cavani para robar y anotar a pocos metros de Julio César.

Con cada minuto, la tensión le ganaba al público. La prórroga sólo sería la prolongación de una tortura. Hasta que el cabezazo de Paulinho los liberó del sufrimiento y espantó los fantasmas de 1950. Uruguay, esta vez, no pudo aguar la fiesta.

Dani Alves: “Quiero ir contra España”

En la zona mixta, hubo mezcla de alivio y alegría en los brasileños. “Sabía que la marca sería dura, que tendríamos dificultades y las superamos. Estoy feliz por ir a la final” dijo Neymar. “Me alegró poder contribuir con el gol y ese pase”, dijo un modesto Paulinho, que negó conocer aún su destino en un club europeo. Julio César admitió la importancia de su atajada en el penal: “Fue un golpe anímico”. Y Dani Alves matizó la tensión previa: “No estuvimos en el Maracanazo. Esa era una presión más externa que interna”. Y escogió rival: “Me gustaría jugar contra España, tengo amigos ahí y sería una linda final. Un honor poder jugarla”.

miércoles, 26 de junio de 2013

Revancha en Belo Horizonte


La semifinal de hoy contra Uruguay en Belo Horizonte es para Brasil una inevitable evocación de aquella final de resultado trágico en el Mundial de 1950 celebrado en su hogar. A falta de un año para que el Mundial regrese a su país, para el scratch este partido puede significar un golpe moral: la revancha esperada o una nueva sorpresa en el peor momento.
En esta Copa Confederaciones, volver a enfrentarse con su verdugo en suelo brasileño renueva la rivalidad que siente el aficionado local, y eso se nota en las palabras que se cruzan con los habitantes de Belo Horizonte. El choque de esta tarde sólo habría tenido mayor dramatismo si los uruguayos hubiesen esquivado este cruce y demorado el reencuentro hasta la final del domingo, en el mismo Maracaná donde se escribió la leyenda.

Pero a sabiendas de que Brasil tiene también otras revanchas que ganar, el seleccionador Luiz Felipe Scolari eludió la comparación. “Eso fue en 1950. En aquel partido fueron mejores. No hay nada psicológico tras eso. Este es un clásico suramericano”, acotó el avezado entrenador, que se animó mucho más a conversar cuando las preguntas en la sala de prensa del estadio Mineirao se enfocaron en la otra gran revancha de Brasil: su aparente regreso a la élite futbolística con un mejorado juego y la necesidad de probarlo justo antes de su mayor reto: el Mundial del año próximo. “Tenemos un equipo fuerte, y quizás la gente no estaba seguro de ello hasta este torneo”, afirmó.
Sin embargo, la recuperación brasileña necesita al menos esta victoria para consolidarse. Y Scolari sabe que Uruguay es un comprobado aguafiestas, porque ha participado en la eliminación de los tres anfitriones de los últimos torneos en los que ha participado: Venezuela (Copa América 2007), Suráfrica (Mundial 2010) y Argentina (Copa América 2011).

Elogio para Venezuela.
En su valoración de Uruguay, Scolari habló de la calidad superlativa de Edinson Cavani, Diego Forlán y Luis Suárez, además del trabajo sostenido de su colega Oscar Tabárez con prácticamente el mismo grupo desde el Mundial 2010. Pero también incluyó a la Vinotinto en el halago: “Tenían que superar a Venezuela en la eliminatoria y lo hicieron. No es fácil vencer a Venezuela ahora, tienen un buen equipo y un buen técnico. Pero Uruguay lo consiguió, superaron ese partido y han mejorado en este torneo”.
Hoy se sabrá si ese buen momento charrúa alcanzará para dar otro golpe histórico, un “Mineirazo”, o si Brasil finalmente vengará en casa aquella ofensa.

lunes, 24 de junio de 2013

La prueba que Brasil quiere superar en la Copa Confederaciones

Sábado 15 de junio, 10:00 de la mañana. En la "Cidade das Artes", complejo cultural ubicado en Barra da Tijuca en Río de Janeiro, dos colas de aficionados esperaban con ansias el inicio de la entrega de los boletos para la Copa Confederaciones en esa ciudad, en especial quienes verían al día siguiente el México-Italia, el primer choque de un torneo oficial en el remozado Maracaná.
Luego de descubrir la pequeña y escondida puerta de acceso al complejo debido a los trabajos de construcción de las vías adyacentes, la confusión sería mayor para los aficionados al preguntar en cuál de las dos líneas deberían estar.

En las semanas anteriores, FIFA había enviado correos advirtiendo que debían intentar recoger las entradas con días de antelación al partido para evitar aglomeraciones, y se les sugería que anunciaran mediante una cita programada cuándo y dónde recogerían su ticket para agilizar el proceso (con la impresión previa del boleto) y evitar las largas colas que podrían tener que soportar quienes llegaran sin dicha cita.
En la "Cidade das Artes"había en efecto dos colas: una increíblemente larga y una muy corta (de 15 personas quizás a esa hora de la mañana). La confusión de quienes sí hicieron la cita era lógica: ellos tenían la fila más larga. Y una vez que los aficionados de la fila corta recogían su entrada y bajaban las escaleras mecánicas para salir, recibían un abucheo de quienes aceptaron el consejo de los organizadores y encontraron esa decepcionante sorpresa.

Este fue uno de los varios ejemplos que dejó el arranque del torneo en Río de Janeiro de algo que al final puede determinar el éxito o fracaso de los organizadores: nunca subestimar la magnitud de un Mundial. La verdadera importancia de la Copa Confederaciones radica precisamente en este aspecto logístico: es el mejor ensayo para lo que sucederá un año después.
Desde que la FIFA convirtió a este torneo irrelevante en una prueba para el país organizador del Mundial, ha logrado asegurar el correcto desempeño de la nación sede de la magna cita.

Alemania olvidó la vergüenza de la falla en el techo del estadio de Frankfurt en 2005 para ser quizás el mejor anfitrión de la historia de los Mundiales en 2006. Suráfrica, entre tantas dudas, ajustó lo que necesitaba en la Confederaciones para terminar sorprendiendo a muchos en 2010.

Si Brasil se queda con la impresión de que su única preocupación ahora son las protestas en las calles, podría sufrir mucho más en 12 meses. Porque el aficionado visitante también puede tornarse violento si las condiciones de seguridad no son las correctas. Y porque muchos otros viajeros, más que temerosos por las revueltas, pueden asustarse por los elevados precios de los hoteles y traslados en el país anfitrión, otra forma de fracaso que en pequeña medida sufrió Suráfrica hace tres años.

Dentro y fuera del estadio. Ver al Maracaná es ser testigo de la historia del fútbol. Llegar a sus puertas es completar un peregrinaje futbolístico. Y la nueva cara del estadio es uno de los argumentos que permite pensar que Brasil está listo para el Mundial. Adentro, el recinto poco tiene que envidiarle en comodidad y servicios a los extraordinarios estadios alemanes y surafricanos que albergaron los partidos de los dos Mundiales previos. Sin embargo, afuera el panorama cambia, y no se trata solamente de los trabajos urbanísticos y de paisajismo que no han sido concluidos alrededor del Maracaná. En los días de partidos, el comité organizador local dispuso que los aficionados utilizaran una de las tres estaciones de Metro que permiten caminar hasta el estadio: Maracaná (la más cercana), Sao Cristovao y Sao Francisco Xavier. Dependiendo del lado de la tribuna en el que estaba, el fanático debía llegar e irse por la estación asignada, de acuerdo con lo indicado en carteles distribuidos en todas las estaciones del Metro.

Sin embargo, una vez que el aficionado llegaba al estadio, nadie se cercioraba de que realmente había utilizado la estación programada. Esto produjo que al concluir el México-Italia, la gran mayoría de los 73.000 asistentes decidieran irse a la estación más cercana, Maracaná, y la impresionante aglomeración de personas produjo una peligrosa procesión multitudinaria de más de una hora por una pequeña pasarela y una escalera improvisada que puso a prueba la paciencia de la gente y de los efectivos policiales que intentaron guiar al público a salvo a las puertas del Metro, no sin antes cruzarse todos con un grupo de los manifestantes que ya se han apoderado de las calles en esta Copa Confederaciones.

Más que fútbol. Brasil es una de las potencias económicas de América y el planeta, y en su esfuerzo por querer demostrar su progreso acaparó las principales competencias deportivas del momento. Después de la Copa Confederaciones vendrá el Mundial 2014 y luego los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro en 2016, sin contar la Copa América que le tocaba en 2015 y que cambió con Chile para poder postergarla hasta 2019. Pero para poder salir airoso de este reto organizativo, no basta la gran cantidad de dinero que han gastado en instalaciones deportivas.

lunes, 29 de abril de 2013

El vínculo con el nuevo aficionado

El fútbol, tanto para jugarlo como para vivirlo, es un sentimiento. Y uno muy potente. Con el boom vinotinto que comenzó en 2001 y cobra cada día más fuerza, el aficionado venezolano se convirtió en ejemplo masivo de un cambio de conducta que pasó de los estadios a las calles y también a las tiendas.
"Las selecciones, sobre todo en el fútbol que es un deporte tan emocional, logran vincular una marca con el país, con ese sentimiento nacional, y te posicionan porque es un deporte que se ve en todo el mundo", afirma Arturo Pertegaz, gerente de mercadeo deportivo de Adidas, que viste a la Vinotinto desde 2005.

"Con el auge del fútbol en Venezuela, el aficionado pasó a identificarse mucho más con el jugador local, siente esa cercanía y sabe qué zapato usa, qué ropa utiliza, y eso genera a la vez un consumo mayor", explicó María Gabriela Padrón, gerente de mercadeo de Nike, marca que patrocina y provee de calzado deportivo a muchas figuras de la Vinotinto y el fútbol venezolano.
Así como la afición creció y exigió más a sus jugadores, también lo hizo paulatinamente con las marcas deportivas. El cambio de camiseta de la Vinotinto de Atlética a Adidas en 2005 significó un vuelco en la comercialización de ese insumo tan demandado por los aficionados y que antes era casi imposible de obtener, por lo que la gente recurría a las versiones "piratas".

"Se ha mejorado mucho en ese aspecto porque la gente quiere tener el producto oficial, por eso hacemos muchas promociones y le damos oportunidades al consumidor para conocer a los jugadores, que haya beneficios de la mano del producto oficial. Y Adidas también procura dejarlo en un buen precio para lograr eso, incluso lo hemos subsidiado para que la gente lo pueda comprar. No es fácil combatir la piratería en el país y tampoco ayuda el tema de la moneda, pero a nosotros no nos conviene que esté en un precio muy alto tampoco", explicó Pertegaz.
No solo el vínculo con los aficionados ha crecido, también c o n l o s futbolistas. Padrón comentó sobre las figuras que usan Nike: "Patrocinamos a Salomón Rondón, Maestrico González, Roberto Rosales, Fernando Amorebieta, Renny Vega, Yonathan Del Valle, Mario Rondón, y también jóvenes como Rómulo Otero y Ronaldo Peña (mundialista Sub 17). Se ha creado amistad con la marca y por eso los atletas nos generan un feedback acerca de lo que requiere el producto. En los últimos años eso nos ha beneficiado para, con ellos, desarrollar e innovar en el calzado para adaptarse a las necesidades de hoy en día".

Zapatos para todos. Nike ha desarrollado una relación con los futbolistas venezolanos de la cual se siente orgulloso. "Creamos relaciones con los atletas durante toda su carrera", afirma Padrón, que acota que el contrato de patrocinio también estipula la aparición de estas figuras en sus eventos.
"Tuvimos entre nuestros patrocinados a jugadores de la talla de José Manuel Rey, que sigue siendo un activo de la marca, y también ocurre con Luis Vallenilla, Pájaro Vera, Miguel Mea Vitali, que formaron parte de esa primera generación, así que no solamente nos sentimos identificados con la evolución del fútbol nacional, sino que sentimos que sembramos esa semilla cuando no tenía tanto auge el fútbol".

En esa relación con los jugadores, el intercambio de opiniones es clave. "Es súper importante. Siempre hacemos consultas para saber cómo sienten el producto, sobre todo el calzado que es la herramienta principal. Esa información se la pasamos al departamento de tecnología y se fabrican los zapatos de acuerdo con las características de los jugadores", explica Padrón.
Luis Figueira, gerente de mercadeo deportivo de Nike, detalla: "Se hacen diferentes para delanteros, mediocampistas, defensas, etcétera. Los atacantes y laterales usan el Mercurial, un zapato liviano ideal para la velocidad. Los mediocampistas usan el ZTR 360, con capa más resistente, porque en esa zona reciben más pisadas y el calzado protege el pie mucho más".

Y con el conocimiento que ha adquirido el aficionado venezolano, puede imitar a sus ídolos vistiendo el mismo calzado, aunque éste cambie con frecuencia. "Los jugadores también cambian sus peticiones por colores, no solo por la resistencia del zapato. Quieren el modelo más nuevo, van por temporadas. Es un tema de actualización y también de moda, claro".

Tres rayas reconocidas. Desde que Adidas fabrica la camiseta de la Vinotinto la empresa ha visto cómo el venezolano se ha compenetrado cada día más con lo que representa. "El fútbol en Venezuela despertó hace más de 10 años y con los resultados tan importantes que ha obtenido, sobre todo en los últimos cinco, la gente está pendiente de todo. Nosotros podemos hacer una promoción con Lionel Messi, por ejemplo, que es el mejor jugador del mundo, y la gente te revienta el Twitter diciendo que no les importa tanto eso porque ellos tienen su propio color. Así como hay marcas que se reconocen por una letra, como McDonalds, en Venezuela eso pasa con las tres rayas de Adidas, y otras selecciones deportivas de Venezuela quieren vincularse a eso", relata Pertegaz.

"El pico histórico en cuanto a la atención del aficionado llegó en la Copa América de Argentina, la Vinotinto estuvo en semifinales y cuidado y si daba la sorpresa. Pero claro, el Mundial va a superar todo, va a ser una locura", dice con total confianza Pertegaz, y no le falta razón.

domingo, 14 de abril de 2013

El gen competitivo de Rafael Dudamel

Que la selección Sub 17 de Venezuela haya clasificado al hexagonal final del Suramericano luego de haber permitido goles en apenas uno de sus cuatro compromisos de la fase de grupos es más que una estadística; es casi un homenaje al entrenador Rafael Dudamel, experto en dejar en cero a los rivales cuando defendía la portería de la Vinotinto o de los clubes en los que jugó.
No obstante, la verdadera huella de Dudamel en esta primera oportunidad como técnico de un combinado nacional se ha evidenciado en el carácter competitivo de los muchachos que ha adiestrado. Porque aunque por momentos faltó juego fluido, perjudicaron los errores arbitrales o se ausentó el gol, esta Vinotinto juvenil nunca perdió el norte de lo que estaba haciendo y cómo podía conseguirlo a pesar de los obstáculos; y honestamente no hay otra manera de lograr una victoria y dos empates con una producción ofensiva de un gol en cuatro juegos, algo que con seguridad Dudamel intentará mejorar con su grupo en este hexagonal, pero con la satisfacción de saber que en muchos otros aspectos del juego, este equipo fue fiel a la filosofía de su entrenador y superó expectativas.

Si ha existido un jugador que ha defendido esa camiseta con tanta pasión competitiva es Dudamel. Desde que se dio a conocer como juvenil, hizo del arco su dominio y fue tan feroz para defenderlo como sus muchachos lo han hecho ahora en Argentina.
La personalidad del otrora guardameta siempre fue gran parte de su éxito. Decidido, extrovertido y con la confianza de quien se sabe destinado a cosas mejores, el portero se acostumbró a marcar la pauta. Antes de la aparición de Juan Arango, Dudamel era el estandarte del fútbol venezolano en el exterior, el nombre repetido en las naciones vecinas.

Dudamel, además, fue el portero y líder de la generación de Mar del Plata, aquel grupo que en 1996 tuvo una gran actuación en el Preolímpico al finalizar en el cuarto lugar y sentó las bases del "boom vinotinto", pues tuvo como compañeros a José Manuel Rey, Luis "Pájaro" Vera, Luis Vallenilla, Ruberth Morán y Gabriel Urdaneta, entre otras figuras que posteriormente fueron emblemas del combinado de mayores durante tantos años.
La seguridad de Dudamel dejó momentos memorables en tandas de penales con Deportivo Cali y Millonarios, y varios goles en su carrera como ejecutor de tiros de castigo y faltas directas, siendo el más recordado el tiro libre que le anotó a Argentina en Pueblo Nuevo en un choque del premundial en 1996.

domingo, 24 de marzo de 2013

Colombia, otra señal en el camino

Como en cualquier ruta que se recorre con frecuencia, hay paradas que se conocen de memoria y terminan asociadas con imágenes y sentimientos. Gracias a la Conmebol y su interés en repetir hasta la eternidad el calendario de las eliminatorias suramericanas, se han creado también ciertas tendencias para las selecciones en los distintos tramos reconocibles de esta particular travesía.
En el caso de Venezuela, más allá del progreso logrado, se pueden identificar varios partidos en el hogar como paradas en las que la Vinotinto toma fuerza o pierde fuelle. Por ejemplo, casi cualquier seguidor de la selección nacional podrá identificar los choques contra Chile en casa en la primera vuelta como el hoyo en el que, una y otra vez, el combinado criollo cae y se lastima gravemente en cada eliminatoria. Desde Mauricio Pinilla a Humberto Suazo o Matías Fernández, esos dolorosos goles no se olvidan fácilmente.

Más sencilla es la reciente asociación con la penúltima jornada, esos choques como local contra Paraguay que han puesto el punto final en la aspiración de Venezuela de ir al Mundial en dos eliminatorias consecutivas. Nelson Haedo Valdez, Salvador Cabañas y Tacuara Cardozo forman parte de los villanos de la historia del país.
En el lado positivo, la afición podrá también recordar como Ecuador ha servido como trampolín para recuperarse y levantar el ánimo de hasta los más pesimistas, cuando Venezuela ha ganado en casa en el inicio de la segunda vuelta, siendo la excepción el empate obtenido en este Premundial, quizás también motivado por el inusual resultado anterior: en lugar de caer en Asunción, en esta ocasión la Vinotinto superó a Paraguay de visita por primera vez y por tanto el choque con Ecuador no transmitía la misma urgencia de antes. Y en estos encuentros, Ruberth Morán, Giancarlo Maldonado y Juan Arango dejaron goles y emociones grabadas en la mente de los parciales venezolanos.

Entre estas paradas hay otro partido plenamente identificable, no tanto por los resultados repetidos, sino por la relevancia del juego, casi decisiva para el resto del camino: Colombia en casa. En 2001 le permitió a Richard Páez soñar con su primera victoria hasta que los neogranadinos igualaron 2-2 al final. Pero ese desafío fue un mensaje y una lección a la vez. La Vinotinto sabía que iba por buen camino. Muy pronto llegaría el boom.

En 2005 era el partido más esperado por todos. No por la rivalidad entre vecinos, sino por la importancia de los puntos, que podían poner a Venezuela en la ruta definitiva al Mundial de Alemania. Pero la Vinotinto no pudo pasar del empate, por más que un cabezazo de Alejandro Cichero casi logra el cometido de no ser por el paradón del recientemente fallecido Miguel Calero.
Aquel fue un partido en el que se contaron los días hasta su llegada. En el que Venezuela sufrió más que nunca por la salud y la vida de su gran figura, Juan Arango, ausente por la salvaje agresión, pocos días antes, de Javi Navarro en España. Y aquel empate, lamentablemente, marcó el resto del trayecto de una selección que no pudo cerrar la tarea en casa, donde se debe ganar, no empatar.